PRINCIPIOS PASTORALES SINOPTICOS
Anteriormente se vio el sentido o significado de la pastoral desde una perspectiva general; en el presente capítulo se verá en forma específica, a través del comentario de textos eminentemente pastorales.
Es obvio que en esta parte no se trata de agotar el tema en función de una palabra final. Pero si es la intención bosquejar los caminos que lleven a la comprensión de una Pastoral de Jesús en relación a la totalidad de la vida.
Tomando en cuenta lo anterior se abordarán los contenidos evangélicos de los sinópticos desde las siguientes perspectivas: Enseñanza, Acompañamiento, y Escatología.
El evangelio de Mateo refleja una experiencia comunitaria de fe de la iglesia primitiva, está destinada a estimular al ministerio sometido constantemente por el mundo pagano y judío a sufrir escarnios y delaciones por la defensa del evangelio y de su Señor Jesucristo. La misión de Jesús, de hecho ha sido limitada para los judíos, y no es distinta la situación de los judíos durante su existencia histórica. Después de todo, Israel era el pueblo de Dios, heredero de las promesas del profetismo. Al exterior, la iglesia de Mateo se presentaba como comunidad misionera, impregnada seriamente por el anuncio del evangelio.
“Como autor, el evangelista tiene la imagen de un pastor, preocupado de problemas eclesiales concretos. Su teología técnicamente preparada en el uso de la Biblia, se dirigía a hacer madurar la fe de sus fieles en el sentido de una fe operativa en la Palabra del Señor, tenía como necesaria una praxis cristiana, es decir, una existencia de gestos impregnados de amor y de misericordia. Cristología, Eclesiología y Escatología encuentran en esta preocupación pastoral una razón de ser. Jesús ha revelado a los suyos el camino de la obediencia y se ha ofrecido como modelo. La iglesia es la comunidad de los discípulos que siguen a Cristo y obran en conformidad con la voluntad del Padre”.[1]
Pastoral de la Enseñanza
Por pastoral de la enseñanza se entienden las acciones de todos aquellos momentos en los cuales Jesús utilizando el discurso directo o por medio de parábolas, y en algunos casos hechos, dio a entender a sus discípulos y a la demás gente que le escuchaba la voluntad de Dios manifestada al mundo en su persona.
Es importante comenzar el análisis de conjunto a través de aquellos pasajes en los cuales se descubre la característica de la enseñanza. Se está consciente del riesgo en la búsqueda y selección de los textos. Posiblemente no se haga la mejor, pero se confía en la guía del Espíritu de Dios.
Tanto aquí como en los otros puntos del presente capítulo se toma como base el material que es común a los evangelios sinópticos a partir del evangelio de Mateo. Ello no quiere decir que en algún momento determinado no se haga referencia al material propio de cada uno de ellos. Salvo indicación específica, se estará siguiendo la versión bíblica de Reina Valera, 1960.
1. Sermón del Monte
Mt 5: 1-7:27;
En el Sermón del Monte se expone claramente cuál debe ser la “justicia” que Jesús introduce en el nuevo reino: “representa la propuesta que Jesús hace al mundo de entrar en su Reino, en el Reino de Dios, y delínea igualmente los fundamentos característicos que deben vivir aquellos que quieren hacer parte con él.”[2]
Los aspectos pedagógicos del Sermón del Monte delimitarán de una u otra forma el quehacer pastoral como eje orientador en el evangelio de Mateo. Jesús no presentó a los discípulos su doctrina como lo hacía un rabí, que obligaba a sus discípulos a aprender de memoria las decisiones y proposiciones más importantes, a fin de que éstos se fueran transmitiendo sin cambio alguno. Según el testimonio unánime de los evangelistas, Jesús no enseñaba como los escribas, sino con una autoridad sin precedentes, (Mt. 7:29;Mc. 1:22,27) el primitivo mundo cristiano entendió la predicación de Jesús como la palabra del Señor vivo y presente, pero la tradición de las palabras de Jesús, según las formas en que se enunciaba y transmitía, iba corriendo de manera distinta. Muchas logía del Jesús histórico se transmitieron sin cambio alguno; a otras se les añadió una explicación interpretativa, y no pocas sufrieron una transformación considerable.
De lo anterior habrá que señalar dos afirmaciones:
Se podría preguntar ¿De dónde le provenía a Jesús esa autoridad? La misma pregunta que se hacían algunos de sus interlocutores. A diferencia de ellos, se puede afirmar que esa autoridad le venía de Dios, lo que además de darle autoridad le hacía interpretar de una manera correcta e irrefutable la relación entre Dios y la humanidad.
Está fuera del presente análisis un seguimiento exegético de las tres líneas señaladas en el anterior pensamiento. El presente trabajo se enmarca en el aspecto interpretativo; pero sí es necesario señalar la importancia de los tres aspectos señalados en él. Las tres formas en que se transmitieron las palabras de Jesús, en ningún momento restan autoridad al contenido de las mismas. Ello indica que aunque las verdades en ellas sean eternas, su interpretación y reinterpretación le harán siempre una verdad eterna.
Se ha querido comenzar con el Sermón del Monte ya que es el inicio natural del ministerio total de nuestro Señor Jesucristo.
Es sumamente interesante observar el orden (que aunque no cronológico, y sí lineal) que el evangelista Mateo presenta previo al ministerio (ya en forma) de Enseñanza de Jesús: Bautismo, preparación en el desierto, vuelta a Galilea, llamado a los primeros discípulos, y un resumen de enseñanza y hechos salvíficos.
Mateo habla frecuentemente del “Reino de los Cielos” 33 veces; “Reino de Dios” 4 veces; esas expresiones eran muy conocidas por la teología judía del tiempo de Cristo. El judaísmo contemporáneo de Cristo hablaba del reino de Dios que sería establecido en el futuro y del reino del Mesías que era esperado como una realidad inminente. A partir de ello Mateo considerará el reino de los Cielos como futuro (13:43; 7:21; 8:11; 16:28; 25:34) es pues el reino en Mateo también un aspecto escatológico.
En 12:28, el reino de los cielos se presenta como una “realidad presente”, se inicia con la venida de Cristo: “pero si yo por el Espíritu de Dios hecho fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios”.
Los conceptos del reino presente y el reino escatológico se compaginarán teniendo en cuenta que el reino de los cielos es el reino de Dios, que existe en el cielo, se realiza en la tierra como su anticipación, y se consumará en el cielo.
De tal manera que el reino de los cielos, es pues, la realidad celeste que se revela desde este mundo a los discípulos y que poco a poco va tomando cuerpo a través de la Iglesia.
En Mateo el reino ha sido ya inaugurado con la venida de Jesucristo, pero aún no se ha manifestado plenamente como sucederá al final de los tiempos. Es la misma idea que planteará Oscar Cullmann, en su “ya y todavía no”.
Los creyentes están actualmente en una especie de tiempo intermedio entre lo que ya es y lo que todavía no ha llegado: están bajo el reino de Cristo, pero todavía esperan su reino glorioso.
Las parábolas de Mateo 13, y en particular la parábola de la buena semilla y de la cizaña (13:24-30) muestran claramente esa doble realidad del reino.
El deseo de construir una ética nueva, tanto individual como social o eclesiológica, es lo que constituye realmente la novedad del evangelio de Mateo.
A partir de Mateo 4:17 “desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: convertíos, porque el Reino de los cielos ha llegado”. He ahí la idea central, no sólo del texto propuesto, sino de todo el mensaje evangélico del Señor. Ese mensaje tendrá una presentación en forma de enseñanza acompañado de signos de vida.
Esos dos elementos se ven en forma de resumen en 4:23 “recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”.
El hecho de que mucha gente le siguiera y le escuchara, demuestra la gran necesidad de aquellas personas: necesidades físicas y espirituales. Si Jesús con su presencia llena esos dos aspectos, se entiende la muchedumbre de 5:1; interlocutores de él, a partir de 4:24-25: “su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos, y paralíticos y los curó. Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén, y Judea, y del otro lado del Jordán”. He ahí, pues, los interlocutores de Jesús y el trazo de las dos líneas de pensamiento ya señaladas. En contraposición a algunas interpretaciones que validan únicamente los aspectos intelectuales, se afirmará que en una nueva interpretación, Jesús hace énfasis en los signos de la vida.
En Mateo 9:16-17, Jesús mismo dará las herramientas necesarias para entender sus palabras desde la perspectiva metodológica de la contraposición; aún más, será la forma en que Jesús a lo largo de su ministerio utilizará para presentar su mensaje: “Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente”. Se podrá decir que a partir de la anterior cita, una nueva interpretación se lleva a su máxima exposición.
Los discípulos de Juan querían aceptar el nuevo orden de cosas que Jesús presentaba (la comunión con Dios a través de Cristo), pero también querían aferrarse del antiguo (la comunión con Dios bajo la ley), lo cual es imposible.
Jesús a través de ese texto (Mateo 9:16-17) está señalando muy claro que es totalmente imposible encajar el nuevo ordenamiento del amor, que al final debe significar salvación –liberación -, en absoluta contraposición a un viejo ordenamiento de leyes que en sus antípodas se encontraba la libertad. Los símbolos paradigmáticos de odres –sistemas- y vino –elemento- los utiliza Jesús para señalarse él mismo como elemento de salvación, inherente a su palabra, a su testimonio, a su ministerio y a su papel reconciliador.
2. Misión
(Mt. 10:1-42 Mc.3:13-19; 6:7-13; 9:41; Lc. 6:12-16; 9:1-6; 12:2-9, 49-53; 14:26-27)
Los anteriores textos reflejan una unidad temática que da cumplimiento a una necesidad presente, esa necesidad se refleja a través de lo que Mateo en el 9:35-38 relata. Frente a esa necesidad y en respuesta a “Rogad pues al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”, (verso 38); Jesús decide comenzar su acción salvífica enviando a sus doce discípulos con directrices suficientemente claras: “...y yendo, predicad, diciendo: el reino de los cielos se ha acercado” (10.7). La comisión evangelizadora va a tener dos soportes:
Autoridad: Jesús les reviste de autoridad: “entonces llamando a sus doce discípulos les dio autoridad sobre los espíritus inmundos para que los echasen fuera y para sanar toda enfermedad y toda dolencia” (10:4).
Enseñanza: La enseñanza de Jesús a sus discípulos, va antecedida del significado de su presencia en el mundo: “y yendo, predicad diciendo: el reino de los cielos se ha acercado” (10:7). Se debe entender pues, que Dios en su infinita bondad y por medio de la economía de la salvación, permite que la humanidad tenga la posibilidad de reencontrarse con él. La autoridad dada a sus discípulos, les permitirá a éstos: sanar enfermos, limpiar leprosos, resucitar muertos, y echar fuera los demonios. A parte de las enseñanzas del Sermón del Monte, en esta parte (10:1-42) Jesús instruye a los enviados sobre algunos aspectos específicos y sus consecuencias:
* “No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestro cintos...”(9)
* “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos...”(16)
* “No penséis que he venido para traer paz a la tierra...”(34)
* “El que a vosotros recibe, a mi me recibe...”(40)
“La misión de los discípulos será la da extender la obra y mensaje de Jesús, el Cristo. Lo que Cristo ha hecho (Mt. 5-9) no es un dato aislado, algo que pasa; es la presencia de un reino que comienza a germinar ya sobre el mundo...Jesús envía a sus discípulos al pueblo de Israel. ¿Qué ofrece? , ofrece las palabras y las obras, los prodigios de su reino (10:7-8). Ofrece aquello que él mismo ha presentado en el Sermón del Monte (Mt.5-7), y los milagros (Mt.8-9), el discípulo no tiene más ni menos que su maestro”.[3]
Se comparte el pensamiento de Castellanos al señalar que la tarea de los discípulos no se limita a proclamar que el reino está próximo, sino también a participar la salvación. Una salvación gratuita, por la cual, Jesús pagará el costo con su vida. Es un don gratuito dado a la humanidad por el inmenso amor de Dios, con su base en la profundidad de la Gracia del designio salvífico de El.
A sí mismo la “misión revela un advenimiento escatológico decisivo para el destino de la vida y de la mente de las personas. Ella aporta la paz salvífica para quienes acogen con fe el anuncio, mientras condena a cuantos se le oponen”.[4]
3. Parábolas
(Mt. 13:1-52; Mr. 4:1-20, 30-32; Lc. 8:4-15; 13:18-21)
El contenido de las parábolas se incluye tanto como material de enseñanza como también material escatológico. Como material de enseñanza manifiesta un contenido muy valioso y aplicable a todos los tiempos. Jesús no solamente lo usa como recurso pedagógico, sino también de esa manera le da cumplimiento al Antiguo Testamento, “todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba; para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: abriré en parábolas mi boca, declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo”(Mt.13:34-35).
La fuerza ilustrativa de las parábolas, así como su fin último, algunas veces se pierde en medio de las figuras del simbolismo, eso hacía necesario que Jesús tuviera que interpretarlas para sus discípulos, (Mr. 4:33-34). Al final de estas siete parábolas Jesús hace una pequeña especie de evaluación para constatar, en sus interlocutores el entendimiento de las mismas, utilizando una última parábola: “Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas?, ellos respondieron: sí Señor. El les dijo: por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas”, (Mt.13:51-52).
“Las parábolas reflejan el valor del reino; de ese reino que es pequeño y no se ve, como es pequeño el grano de mostaza. Pero el reino crece, viene pronto a ser un árbol decisivo en el que pueden cobijarse los humanos (Mt.13:31-32). Se halla entre nosotros, viene a ser como un fermento que lo cambia, lo transforma todo, (Mt 13:33) ...Utilizando también las palabras viejas, la tradición evangélica y Mateo han precisado en dos parábolas la fuerza decisiva, divisoria y salvadora del mensaje de Jesús y de su reino. En la parábola del sembrador se alumbra el hecho radical, la división que surge en torno al Cristo. Los de fuera miran sin ver, escuchan sin oír lo que se dice; se han perdido en la palabra externa. Los creyentes ven y alcanzan a entender lo que se dice...La palabra de Jesús, parábola, es un juicio. Juicio en primer lugar al aceptarse o rechazarse...La certeza de que la parábola es función de un juicio aparece en una forma precisa en el tema del trigo y la cizaña... La figura de Jesús recibe así una dimensión universal. Su palabra es de verdad semilla para el cosmos; sólo su mensaje ofrece salvación... El sermón de las parábolas desvela una vez más todo el sentido del mensaje y de la obra de Jesús”.[5]
La parábola del sembrador no se agota solamente con el aspecto meramente pedagógico y escatológico, sino que también su logía debe entenderse en su fin último. La interpretación de Lucas
modifica el alcance de la parábola original. Se atiene a las consecuencias de dicha parábola más que a su sentido: orienta su interpretación hacia el sujeto recipiente, mientras que Jesús revela la inspiración de un acontecimiento escatológico en la historia del designio de Dios.
A la luz de su contexto próximo, la parábola del sembrador es interpretada por Marcos como el anuncio del reino: anuncio que ha de escucharse con seriedad, a fin de poder ser admitido en ese reino. Marcos da así razón del vínculo existente entre Palabra anunciada y modo de recibirla, lo que equivale a decir: el acontecimiento (parábola) y el eco suscitado en sus contemporáneos se corresponden necesariamente como las dos caras, objetiva y subjetiva del mismo misterio. Pero en su recurso a la tradición, Marcos, menos personal que Lucas y Mateo, subraya con mayor fuerza la aplicación catequética que su comunidad proponía a los fieles; esta catequesis sigue, no obstante, entroncada al fondo de la revelación transmitida por Jesús.
Mateo hace suya en forma de interpretación la proclamación del suceso que la parábola anuncia en lenguaje simbólico; dicha interpretación no depende de la catequesis, sino que se sitúa en la tradición de los Apocalipsis que desentrañan el acontecimiento escatológico.[6]
Jesús aprovecha muchas de las circunstancias que sus interlocutores, en algunos momentos le presentan, casi siempre para, de esas circunstancias presentar aspectos pedagógicos, no solamente para sus discípulos, sino también para la demás gente que le seguía. Así mismo tenía mucho cuidado tratando de que la doctrina farisáica no siguiera influyendo en el pensamiento y en la actitud del pueblo. Aunque su intención primaria es preparar a los discípulos, Jesús no olvida a las muchedumbres. Ejemplo concreto de ello se encuentra en Mateo 15:10 (Mr. 7:14-23): “y llamando así a la multitud, les dijo: oid y entended ...”
Curiosamente a partir de aquí, Jesús comienza a dejar de enseñar a las muchedumbres sin apartarse de ellas. Es también porque reserva sus enseñanzas para sus discípulos. Dos factores históricos son determinantes para ese cambio de actitud en Jesús: incomprensión de las multitudes en relación al verdadero mesianismo, y mala disposición de Herodes que se muestra celoso del éxito de la misión de los discípulos.
4. El Signo
(Mt. 16:1-20; Mr. 8:27-30; Lc.9:18-21)
La catequesis de Jesús hacia sus discípulos, plantea eventualmente el constatar el pensamiento de ellos con relación a él y hacia su ministerio. Para los fariseos y saduceos, los signos vistos a través de Jesús no les bastaba; querían una señal concreta (Mt 16:1-4), las diferentes curaciones y la multiplicación del pan no les decía nada, a final de cuentas no entendían esos signos. No les bastan las palabras, las obras y los gestos de Jesús, (Mt. 12:38). La respuesta es también definitiva. El signo está ahí, el signo es Jesús y no le han visto.
A la pregunta de Jesús: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”, uno de sus discípulos contesta que él es el Cristo, el Hijo del Dios viviente (16:16). La afirmación de Pedro es la afirmación de una fe post-pascual que ha confesado a Jesús como Mesías; una fe que le venera como el “Hijo”. Es el compendio de la fe cristiana. En ella se interpreta la vida de Jesús, sus gestos, milagros, palabras.
Cuando se observa con detenimiento a los evangelios sinópticos, siguiendo la línea de pensamiento que se ha señalado y específicamente lo que se ha denominado Pastoral de la Enseñanza, es innegable que esa fue la preocupación principal de Jesús; y aunque su praxis estaba en comunión con sus dichos, era obvio que primeramente había que instruirlos ( y también algunas veces a las grandes multitudes) sobre lo que significaba gozar de las Buenas Nuevas de Salvación; el Evangelio del Reino de Dios. Pero, no se podía gozar de ello sin un entendimiento previo.
A partir del último texto que en esa línea se ha señalado (Mt. 16:1-20 y paralelos), se puede mencionar como material sinóptico los siguientes temas: Enseñanza sobre el divorcio, bendición a los niños, el joven rico, purificación del templo, la cuestión del tributo, aspectos de la resurrección, relación de Cristo, Hijo de Dios, acusación a escribas y fariseos. A parte de ello, el material pedagógico en Marcos y Lucas: Todo lo oculto será manifestado, la ofrenda de la viuda. Material de Mateo y Marcos: El gran mandamiento. Material en Lucas: El buen samaritano, levadura de los fariseos, el rico insensato, arrepentimiento, la fe, el deber del siervo, parábola del fariseo y el publicano, y la grandeza en el servicio. Se termina esta sección observando los aspectos pedagógicos de la logía de Jesús sobre el joven rico, su autoridad y el gran mandamiento.
5. Joven rico
(Mt. 19:16-30; Mr. 10:17-31; Lc.18:18-30)
En esta sección se sigue muy de cerca y compartiendo el pensamiento de López Melús en su libro “Pobreza y riqueza en los evangelios”. Se toma este episodio en sí, por la importancia de la doctrina que Jesús da en él. La exigencia en Lucas es hacer efectivo en el mayor grado posible el espíritu de renuncia. Es lo que el maestro exige para entrar en la vida eterna, para salvarse. Para Marcos, es una exigencia del amor que postula del amado el seguimiento y el abandono de todas las cosas. Mateo condiciona la perfección a la pobreza efectiva; Lucas condiciona a ella la misma vida eterna. Los sinópticos describen el acento dolorido de Jesús ante el poder seductor de las riquezas: “Cuán difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos” (Mt.19:23).
En cuanto al eje pobreza/riqueza, Mateo piensa en los mandamientos de rigor, y todo lo demás en función de perfección. Lucas sabe que no bastan los mandamientos para entrar en la vida, para garantizar el cumplimiento de los mismos, y por tanto, la posesión de la gloria, quiere iluminar ese peligro que lo es para la mayoría de las personas. Este episodio es una aplicación individual del gran principio que repite frecuentemente Jesús de dejarlo todo para seguirle.
¿Cómo se podrá entender ricos y riqueza en este contexto? López Melús hace una interesante clasificación que muy bien puede ayudar a interpretar las palabras de Jesús:
* Los que no ponen su corazón, ni su esperanza, ni su fin en las riquezas, sino en Dios.
* Aquellos para quienes la riqueza no los separa de Dios, pero si los ata e impide elevarse poniendo en peligro su orientación a la vida eterna.
* Aquellos que aman a las riquezas más que a Dios, poniendo su corazón en ellas.
Los primeros son auténticos pobres de espíritu y de ellos es el reino de los cielos. Los últimos están absolutamente separados de la salvación. Son los segundos con el joven rico del evangelio quienes peligran, cuya salvación sería imposible sin la gracia de Dios, que quita fuerza al poder seductor de la riqueza.
6. Autoridad de Jesús
La autoridad de Jesús se da por el hecho de la unión de él y su padre Dios. Es una autoridad que le viene del cielo haciéndole superior a cualquier otra criatura del universo. Lo anterior se puede resumir en cuatro aspectos y los cuales se proponen de la siguiente manera:
6.1 Superioridad sobre los hombres
Admite su superioridad sobre Juan Bautista, y la afirma sobre Jonás, Salomón y David. Dice a los discípulos que muchos profetas y reyes quisieron ver y oír lo que ellos ven y oyen; exige que se le ame más que al padre, la madre, el hijo y la hija, y que se de la vida por él, (Mt.3:14-15; 10:37-39; 12:41-42; Mr.12:35-37; Lc.10:23-24).
6.2 Superioridad sobre los ángeles
Anuncia que el Hijo del Hombre vendrá con los ángeles y enviará a sus ángeles; cita en orden ascendente a los ángeles, el Hijo y el Padre; afirma que, si lo pidiere, el Padre le proporcionará más de doce legiones de ángeles, (Mt. 13:41-42; 26:53; Mr. 8:38; 13:32).
6.3 Suprema autoridad religiosa
El es mayor que el Templo y Señor del sábado; expulsa a los mercaderes; rectifica las enseñanzas de la ley; es el único maestro; perdona los pecados y confiere ese poder a los apóstoles; envía profetas y doctores; el que le desecha a él desecha a Dios; otorga el paraíso al ladrón crucificado; promete a los apóstoles que comerán a su mesa en su reino y se sentarán sobre tronos para juzgar a las tribus de Israel, (Mt. 5:22, 28, 32, 34, 39, 44; 10:14-20; 18:18; 23:34; Mr. 2:5; 11:15-17; Lc. 10:16; 23:43; 22:28-30)
6.4 Superioridad sobrehumana
Está seguro de salvar al siervo del centurión: “iré y le curaré”; manda imperiosamente a los vientos y al mar; ordena a Pedro que camine sobre las aguas; comunica poder a los discípulos para expulsar demonios y curar enfermos; afirma que el pan y el vino son su carne y su sangre; que estará presente cuando dos o tres se reúnan en su nombre; que las puertas del infierno no prevalecerán contra su Iglesia, que pasarán los cielos y la tierra, pero no su palabra; anuncia repetidamente su segunda venida con esplendor y poderes apocalípticos, (Mt. 8:7; 10:1; 18:20; 16:18; 24:35; Mr.4:39; 13:24-37; 14:22-24.)[7]
7. El Gran Mandamiento
(Mt. 22:34-40; Mr.12:28-34)
Posiblemente este sea uno de los pasajes que con mayor fuerza presenta el sentido del cumplimiento de nuestro Señor Jesucristo. El pueblo de Israel, históricamente desde su cautiverio en Babilonia y con el nacimiento de su cuerpo legal, habría convertido la ley y su interpretación en el ethos supremo de su existencia. Un sistema legal que incluso no permitía gozar al pueblo de la presencia de Dios. Dios mismo se encontraba “secuestrado” en medio de tantas leyes e interpretaciones. Es en ese contexto en el que Jesús se encuentra cuando un intérprete de la ley, en representación de los fariseos y con el objeto de hacerle caer en una trampa, le cuestiona sobre cuál es el gran mandamiento en la ley. Obviamente el cuestionamiento es desde el punto de vista judaico, y Jesús tomando nota de ello, le responde desde ese mismo punto de vista. Posiblemente los fariseos esperaban una respuesta ortodoxa, quizá una referencia a Exodo 20:1-17 (Deuteronomio 5:1-21); los diez mandamientos como resumen del cuerpo legal de la Torá, (mandamientos conocidos como ninistas-ni esto, ni aquello-), mas la respuesta de Jesús, tomada también del Antiguo Testamento, dejará sentado y con mucha claridad, una perspectiva liberadora señalando dos aspectos que en su forma incluyente afirmará lo aspectos humanos señalados en Exodo.
Jesús le dijo: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mt. 22:37). Este mandamiento lo toma literalmente Jesús de Deuteronomio 6:5. Inmediatamente le dijo: “y el segundo es semejante: amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt.22:39). Este segundo mandamiento también es tomado literalmente por Jesús, ahora de Levítico 19:18. Finiquita Jesús la cuestión de los mandamientos con la siguiente sentencia: “de estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mt.22:40). En los diez mandamientos la indicación de “no...” en casi cada uno de ellos, les convierte en mandamientos pasivos; mientras que los indicados por Jesús son activos.
Los dos mandamientos dados por Jesús, llenan la totalidad de las necesidades del ser humano, en los planos celestial y humano; el vertical y el horizontal. El primer mandamiento ubicará a la humanidad en su relación con Dios; una correcta interpretación por la humanidad de la acción salvífica de Dios, dejará sin sentido práctico-teológico-litúrgico de los primeros cinco mandamientos del Exodo; mientras que la observancia del segundo mandamiento, como reflejo del primero, permitirá la aceptación total del prójimo. Si nos damos cuenta, es la búsqueda de la recuperación de la relación perdida en Adán y Eva (en el plano celestial-vertical) y en Caín y Abel (en el plano fraternal-humano-horizontal).
Finalmente Jesús hace depender la ley y los profetas de esos dos mandamientos. Todas las leyes contenidas en la Torá (y su interpretación) y todo el mensaje profético, deberá pasar por el crisol de esos dos mandamientos, y fuera de ellos no tendrán significación para la humanidad.
Pastoral de Acompañamiento
En esta parte del trabajo se indican aquellos momentos en los cuales, Jesús acompaña (en algunos casos de manera individual y en otros de manera colectiva) en su dolor y fragilidad humana a las personas que le buscan. Momentos en los cuales Jesús, tomando plena conciencia de su ser, y en una completa armonía con su Padre, se pone más allá de los elementos de la naturaleza y de la vida; resultado de ello son las experiencias que la tradición ha llamado milagros. Y aunque este aspecto no era específicamente su misión, el dolor humano circundante le hizo manifestar su compasión. Y aunque algunas veces fue impelido a hacer milagros públicamente, se negó a hacerlo (Mr. 8:12) ya que de lo contrario, se correría el riesgo de que lo reconocieran simplemente como un “milagrero” (Mr.1:40-45), como un adivino, perdiéndose de esa manera el significado profundo de su presencia en el mundo. A pesar de ello, el dolor humano no podía pasar desapercibido por Jesús, su bondad se pone de manifiesto en todos esos actos extraordinarios que narran los evangelistas, (Mr 1:40-41). En su conducta no hay nada teatral, nada afectado. En general su finalidad consistía en aliviar un sufrimiento, curar una enfermedad o lanzar fuera a los demonios. Los milagros provocan, en los que son testigos de ellos, un choque saludable que conmueve el alma. Y Jesús realiza los suyos ciertamente para desarrollar la fe de sus compatriotas, su espíritu de confianza y abandono en Dios y él mismo.
Para poder entender desde la perspectiva de la Pastoral de Acompañamiento, el significado de los milagros de Jesús, será necesario ubicar el sentido existencial y cultural contemporáneo de una enfermedad. Para la época de Jesús, nacer o padecer de un defecto físico, o ser poseído de un demonio, era sinónimo de estar en pecado.
“Enfermedad y sufrimiento tienen en la Biblia realidad propia: van en contra del Creador y manifiestan el dominio del demonio que seduce al hombre y lo arrastra a rebelarse contra Dios. Para un contemporáneo de Jesús, para un cristiano de las primeras generaciones, es evidente que enfermedad y pecado van unidos. Al sanar Jesús a un enfermo ¿No lo salva, por el hecho mismo del pecado?, ahora bien, tales curaciones se expresan mediante actos y se cuentan en un lenguaje que a menudo posee alcance simbólico: dar la vista, hacer andar, hacer vivir. Así, el gesto de –poner en pie- es símbolo de la resurrección. La suegra de Simón se pone en pie (Mt. 8:15), el paralítico se yergue sobre su camilla (Mt. 9:5-7), una muchacha ya muerta es invitada a levantarse (Mt. 9:25), Jesús levanta al epiléptico que yacía en tierra como muerto (Mc.9:27).[8]
A través del entendimiento de la Pastoral de Acompañamiento, se significa el restablecimiento de un enfermo en tres diferentes manifestaciones:
* Se restablece su salud espiritual. La fórmula que Jesús usa es: “tus pecados te son perdonados” (Mt. 9:2; Mr. 2:5; Lc.5:20).
* Se restablece su salud física (Mr. 2:9-12)
* Se restablece su derecho civil. (Mr. 1:40-44; especialmente verso 44)
Así mismo, los milagros, signos del reino, derivarán en dos significados eminentemente cristianos: al mismo tiempo que son signos de la Redención anuncian que se han consumado los tiempos y que el diálogo, ya inaugurado entre Dios y el hombre queda para siempre instaurado. En Lucas 11:20, se lee lo siguiente: “mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros”. Dichos signos, pues, son los que anuncian el reino:
“Jesús mismo es la señal del Reino por antonomasia. En él Dios se ha hecho presente, visible, actuante, cercano. Este es en esencia el mensaje de la navidad: ‘Emmanuel’, Dios con nosotros (Mt. 1:23). ‘y esto os será por señal;
hallaréis al niño acostado en un pesebre’ (Lc. 1:12). He aquí una extraña señal: ¡Dios presente en un niño recien nacido!... una señal inequívoca en el ministerio de Jesús es que el Reino es pro-vida. O mejor aún, es la vida. Todo el ministerio de Jesús proclama la vida, celebra la vida, defiende la vida, restaura la vida, promete la vida.
Nada, ni el mundo entero, es de más valor que la vida humana... Para Jesús la vida incluye todo: la vida física, psíquica, espiritual, social, y eterna”.[9]
Es quizá a partir de Lucas 7:22 en que se encuentra sentido a la Pastoral de Acompañamiento en Jesús: “y respondiendo Jesús, les dijo: id, hacer saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio”.
Tomando en cuenta lo que se ha señalado para entender la propuesta de lo que se entiende por Pastoral de Acompañamiento, es el momento para señalar algunos de esos actos especiales y los cuales dieron pie para la respuesta de Jesús (Lc. 7:22) a los enviados por Juan el Bautista. De hecho, la selección que se hace de los textos, atiende solamente al punto de vista del presente trabajo y en los cuales se propone, reflejan en toda su dimensión, no solamente la bondad de
Jesús, sino también algunos otros elementos inherentes a los milagros.
1. Restauración a la Vida de un Leproso
(Mt. 8:1-4; Mr. 1:40-45; Lc. 5:12-16)
“Señor, si quieres puedes limpiarme”. (Por cuestión de orden siempre se estará siguiendo al primer autor citado) Tal como se ha señalado en el principio, por el hecho de ser un enfermo (leproso, como se sabe, de todas las enfermedades quizá la más deplorable sea la lepra. No sólo se cae la piel sino también pedazos de carne desfigurando los rostros y el resto del cuerpo), era un hombre marginado por la sociedad y su fe tuvo que haber sido muy grande para vencer todos los obstáculos que se le presentaban y llegar a postrarse a los pies de Jesús.
En todos los milagros que Jesús hizo (a nivel individual) el elemento necesario, ya sea por la persona que recibe los beneficios de la restauración o por la acción intercesora de otros, es indiscutiblemente la fe. Sin ese elemento no se daba el resultado de la restauración. En Marcos 6:5-6b y paralelos, se tiene un ejemplo muy claro de ello: “y no pudo hacer ahí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos”.
El inmenso amor de Jesús se manifiesta en un hecho bondadoso. Ante el cuestionamiento del leproso, “si quieres, puedes limpiarme”. Se debe observar que el primer acto de Jesús es extender su mano y tocarle. Esta aparente y sencilla acción pone en evidencia la bondad de Jesús. Sin dudarlo ni un momento le tocó, ¡Era un leproso!. Aunque es una enfermedad altamente contagiosa, su completo sentido de ser, de ser el Hijo de Dios, le hace extender su brazo hacia él, como un acto segundo, como consecuencia de su amor, es reflejo que brota de su corazón: “Quiero, se limpio. Y al instante su lepra desapareció”. “Entonces Jesús le dijo: mira, no lo digas a nadie”. ¿Cómo entender esa indicación de no decirlo a nadie cuando aquel acto restaurador había sido hecho en público? (8:1). Si Jesús hubiera querido un tipo de fama como la de un “milagrero”, este hubiera sido un buen momento; pero al contrario de ello, le ordenó que no se lo dijera a nadie, y le da una indicación un tanto extraña: “ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos”. (8:4; Cf. Lev. 14:1-32).
“Al principio del Sermón del Monte Cristo dijo que no había venido para abrogar la ley y los profetas, (Mt. 5-17) sino para cumplirlas. Esto se hace evidente en estos dos milagros del leproso y del centurión. Jesús le dijo al leproso que fuera a presentarse al sacerdote y ofrecer el sacrificio para su purificación. La ley ya reconocía la posibilidad de ser sanado. De hecho, la ley era un hito que señalaba la salvación venidera. Cristo cumplió la ley. El hecho de que Jesús ordenara al leproso ir donde el sacerdote es algo importante y debió haber demostrado a los judíos que Cristo de ninguna manera se oponía a la ley, sino que más bien le daba su cumplimiento”.[10]
Haciendo lo anterior se cumple la ley y se demuestra que el leproso ha sido sanado. Se podría decir que este es un milagro que se convierte en el punto de partida del ministerio de Pastoral de Acompañamiento. Será como un punto de partida que señala hacia Jesús. Se podría plantear el siguiente esquema, que de una u otra forma, con muy pocas variaciones se da en los milagros de Jesús:
* La enfermedad.
* La fe (ya sea de la persona que sufre o de la persona o personas que interceden).
* Intervención de Jesús (normalmente se da de modo sencillo y directo; un gesto acompañado de una palabra).
* Efecto (como consecuente de la intervención de Jesús y que por lo general es instantáneo).
* Reacción del beneficiado.
* Reacción del pueblo expectante.
2. Restauración del Siervo de un Centurión
(Mt. 8:5-13; Lc. 7:1-10)
Ciertamente, uno de los elementos en el esquema señalado de los milagros es la fe, y aunque algunas veces no aparece en forma
explícita es la base de la acción de aquellos que buscan ser sanados por Jesús, o de aquellos que interceden por ellos. Quizá Hebreos 11:1 reflejará el entendimiento de una mejor manera, de lo que es la fe: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Es precisamente esa fe, la que hace que aquel hombre leproso reconozca en Jesús al hombre que le puede sanar; y ahora, en Mateo 8:5-13, se ve esa misma fe reflejada en el centurión.
Puede ser que el ejemplo de fe en el centurión sea uno de los más convincentes que se tiene en la historia de los milagros. Un oficial de la guardia romana. Su grado significaba que tenía muchos hombres bajo su mando. Siguiendo el esquema propuesto, se pueden señalar los siguientes aspectos:
Enfermedad: “...Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado” (Mt. 8:6)
Fe: (en este caso, intercesora, a diferencia del leproso). “...Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará”. (Mt. 8:8). Esta proclamación de fe va acompañada de dos aspectos sumamente interesantes:
* “No soy digno de que entres bajo mi techo”; mucha gente (y especialmente los jefes de la religión judía) veían a Jesús como un simple hijo de carpintero, pero el centurión no le ve en esa forma. Le ve como alguien totalmente diferente, por lo que le hace ir a él.
* “Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve y va; y al otro: Ven y viene; y a mi siervo: Haz esto. Y lo hace. (8:9).
¿Qué es lo que realmente está diciendo el centurión? En el fondo, lo que está afirmando es que Jesús tiene autoridad sobre las enfermedades, y que solamente basta que lo ordene y ella obedece. Esta convicción de fe y su afirmación es lo que maravilla a Jesús.
Intervención de Jesús: En este caso se da en dos momento; curiosamente en la primera intervención del centurión no hay ninguna solicitud de curación, simple y sencillamente le cuenta a Jesús la situación de su siervo. Ello da pie al primer momento de la intervención de Jesús: “Yo iré y le sanaré” (8:7). A pesar de que no hay ninguna solicitud de curación, Jesús le dice al centurión que no solamente irá a verle, sino que también le sanará. En un segundo momento, Jesús maravillado, muy impresionado por el racionamiento lógico en la fe del centurión, le dijo: “Ve, y como creíste, te sea hecho.” (8:13ª).
Efecto: “Y su criado fue sanado en aquella misma hora” (8:13b).
En el presente relato aunque se señala al pueblo expectante (8:10-12), no hay nada con respecto a su reacción, como también así ni del centurión ni del siervo de éste. Se debe señalar que aunque el centurión era un extranjero, su corazón había admitido el monoteísmo. El relato en Lucas presenta algunas variantes, en Mateo es más directo. Habrá que recordar que Lucas no fue discípulo de Jesús, sino médico de cabecera de Pablo, y teniendo éste un fuerte interés en la proclamación del evangelio a los gentiles, habría cierta inclinación a agregar algunos elementos para reforzar ese interés en su relación a los gentiles. De todas formas, el relato guarda la misma esencia de Mateo. Obviamente, lo importante aquí es ver cómo resalta el ministerio de la Pastoral de Acompañamiento; el siervo fue sanado.
3. Restauración de un Paralítico
(Mr. 2:1-12; Mt. 9:1-8; Lc. 5:17-26)
Se ha escogido este pasaje, no sólo por el hecho de que se enmarca dentro del esquema propuesto; sino por el evidente sentido de acompañamiento de su contenido. También así, se seguirá el relato de Marcos por ser éste el más antiguo y el más rico en detalles para el análisis. Siguiendo la propuesta de trabajo, como resultado de Marcos 1:45 se pueden ver los siguientes aspectos: “Pero ido él, (el leproso que había sido curado) comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes” su fama llegó a ser tan grande que le fue difícil entrar abiertamente en Capernaun.
Enfermedad: parálisis de un hombre que era cargado por otros cuatro.
Fe:
“Cuatro hombres se acercaron a la casa, venían trayendo a un amigo que era paralítico. Deseaban verle sano otra vez. Por ello le traen al Señor Jesús. El sería capáz de sanarlo. Eso lo creían con todo su corazón. Pero cuando llegaron a la casa les fue imposible entrar. Había una multitud delante de la puerta, y nadie se hacía a un lado para darle el paso. Hablaron y se les ocurrió una idea; usando la escalera exterior subieron al techo con un amigo. Justo encima de donde estaba el Señor enseñando, descubrieron el techo y bajaron a su amigo por la abertura. Lo bajaron justo donde estaba Jesús. Esta era gente que se desviaba de sus propios placeres para ayudar a otros. Estaban resueltos a ayudar a su amigo para que llegara al Señor Jesús”.[11]
Intervención de Jesús: En la historia de esta restauración, la intervención de Jesús se da nuevamente en dos momentos; la primera es en respuesta a la fe intercesora de los amigos del paralítico: “Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados” (2:5). Al llamarlo hijo lo estaba adoptando como discípulo en el nombre del Padre. Y en el nombre del Padre le perdonó sus pecados. Realmente no se puede saber cual fue la impresión de aquel hombre paralítico; si su expectativa era la de ser sanado físicamente, es fácil imaginar su decepción.
Reacción del Pueblo Expectante: La reacción también se da en dos momentos y con diferente interlocutor; en un primer momento son los escribas los que reaccionan contra Jesús, por haber proclamado el perdón de los pecados al paralítico. Si Jesús lo hizo a propósito, está más que justificado el concepto de Pastoral de Acompañamiento. Aquel hombre había recibido mucho más de lo que jamás había esperado, ¡sus pecados le habían sido perdonados!
Intervención de Jesús: en un segundo momento Jesús interviene, pero ahora ya no es por la fe intercesora de los amigos del paralítico; sino por la falta de fe de los escribas: “¿Qué es más fácil decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, a decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?” (2:9).
Los escribas creerán en todo caso que lo más difícil sería que se levantara y se fuera, porque al fin y al cabo, es lo que se ve, es lo que llama la atención, es el efecto dramático de la acción, (2:12). Pero la tarea de Jesús era liberar al pueblo para que sirviera a Dios, dándole el perdón de pecados y la paz eterna. Pero como eso no lo podían ver, entonces no lo creían. Solo piden señales. Pero hacer señales no es realmente lo más difícil. Lo que sí es de crucial importancia es liberar el corazón del poder del pecado. De esa manera, con sus palabras, Jesús les opuso y les mostró su incredulidad. Para completar su obra en aquel paralítico y después de haber dejado muy claro el entendimiento de su actuar, Jesús le dijo al paralítico: “A ti te digo. Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa” (2:11).
Reacción del Pueblo expectante: En este segundo momento, frente al que antes había sido paralítico, y que ahora se habría paso en medio de la gente, ésta estaba llena de asombro. Algunos posiblemente comprendieron que Dios a través de Jesús había revelado su Gracia, y glorificaron a Dios. Pero posiblemente otros solamente estaban maravillados a causa del aspecto físico de la restauración.
Efecto: el efecto de esta restauración se da en tres niveles:
* Restauración espiritual: “Hijo, tus pecados te son perdonados (2:5)
* Restauración física: “A ti te digo: Levántate, toma tu lecho y vete a casa” (2:11)
* Restauración social: “Entonces él se levantó enseguida y tomando su lecho salió delante de todos” (2:12).
En la propuesta sinóptica se pueden encontrar muchas logía de Jesús, que permiten hacer más análisis en la línea de Pastoral de Acompañamiento; pero posiblemente lo presentado hasta aquí sea suficiente para tener la idea clara de que dicha pastoral fue algo muy esencial dentro del ministerio total de Jesús.
Pastoral y Escatologia
Aquí será necesario tratar de definir dos conceptos, cuyo entendimiento deberá quedar substancialmente claro, ya que de ellos depende mucho esta parte del trabajo.
Parusía: en la reflexión cristiana es el tema con el que concluyen la historia de la salvación y la encarnación; de él brota la orientación específica de la escatología cristiana. En el Antiguo Testamento, su sentido religioso se especificará con la idea de la “venida” de Dios. La salvación consiste en el triunfo del reino de Dios. Dios reina ya, pero su soberanía debe manifestarse más planamente: “Acontecerá en los postreros de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid y subamos al monte de Jehová, a la casa de Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por su senda. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y juzgará entre las naciones y responderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrará más para la guerra” (Isaías 2:2-4).
La salvación que el reino de Dios trae consigo, es la salvación mesiánica. La expectativa de implantación definitiva del reino de Dios va unida a la espera de un personaje, un “ungido” por excelencia (Mesías significa ungido). De ello hablará la profecía de Jacob: “No se apartará de Judá el cetro ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que le traigan tributo y le brindan homenaje los pueblos.” (Génesis 49:10). En esa misma línea se pueden ver los textos de: 2 Samuel 7:11; 14:16; Salmos 72, 89, 110; Isaías 9:1-6; 11:1-9; Miqueas 4:5.
“La realización de las promesas mesiánicas fue objeto de una reflexión que orientará toda la doctrina del N. T. sobre la parusía. Lo que en el A.T. se presentaba con caracteres de discontinuidad, indecisión y nebulosidad, en el N.T. se hace pronto relativamente orgánico y afecta el fondo mismo del mensaje de salvación. Jesús de Nazaret es el Mesías: Con su venida, el reino de Dios entra en su fase final. La soberanía de Dios se afirma y se manifiesta, la salvación se realiza. La venida de Jesús, lleva a cumplimiento todo cuanto en el A.T. aparecía en forma de promesa, expectativa y preparación. La raíz del triunfo de Cristo en la parusía ha de buscarse en su resurrección. El aspecto metahistórico de ésta encuentra su cumplimiento en la parusía, un acontecimiento futuro que el creyente sólo conoce por la fe”.[12]
Finalmente se llega a la comprensión de que por parusía se entenderá el retorno de Cristo al final de los tiempos.
Escatología: El término escatología fue acuñado por el teólogo luterano Abraham Calov (+ 1686) y entenderá por ello discurso o estudio de las cosas o realidades últimas. Cuando se habla de parusía y escatología, normalmente se estará pensando en la segunda venida de Jesús (parusía) y todos aquellos aspectos que la acompañan (escatología). Por referencia, lo escatológico significará en conjunto todo lo que tiene que ver con la segunda venida de Jesús. Los aspectos escatológicos de Jesús en los sinópticos reflejarán el ambiente cultural en que se inserta su predicación histórica, están animados por una expectativa escatológica-apocalíptica, que es vivida de forma diferente.
Tres puntos parecen esenciales para entender la posición originaria de Jesús. Primero, no se puede conocer el tiempo de la venida final del reino de Dios, este tiempo pertenece al secreto del Padre (Mc. 13:32). De ahí se sigue que la actitud fundamental es la espera, tan subrayada en las parábolas de la vigilancia. En tercer lugar aún utilizando ampliamente la imagen jurídica del juicio, Jesús parece presentar la llegada final del reino de Dios como una realidad gozosa, semejante a un banquete, como la irrupción de la salvación de Dios en la historia. (Se puede ampliar el entendimiento sobre escatología en el artículo de A. Giudici, en el Nuevo Diccionario de Teología, volumen I, páginas 390-419).
En la Pastoral de Jesús en los evangelios sinópticos, y específicamente en lo que se refiere a Pastoral y Escatología, se deberán observar dos líneas de pensamiento bien definidos: La concepción presente y futura de los aspectos escatológicos.
1. El Presente Escatológico en los Sinópticos
Cuando los discípulos le preguntan a Jesús: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?” (Mc. 13:4; Mt. 24:3; Lc 21:7). La respuesta de Jesús evidencia una presencia manifiesta de ese cumplimiento: “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca”. (Mc 13:30; Mt, 24:34; Lc. 21:32).
Ciertamente el reino de Dios se ha hecho presente en el mundo a través de Jesús. En Mateo 4:17b, Jesús afirmará las palabras de Juan el Bautista (3:2), cuando dice: “...arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Curiosamente se observa una secuencia cronológica del cumplimiento escatológico en la presencia de Jesús; en ese mismo texto señalará enfáticamente que “el reino de los cielos se ha acercado”; más adelante en el 12:28 de Mateo, Jesús dirá: “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios”. Aún más, en Lucas 4:18-21, en el contexto de la lectura que Jesús hace en la Sinagoga sobre Isaías 61:1-2, se lee lo siguiente: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la Sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.
La conclusión de esos tres textos cronológicos, bien pudiera expresarse en forma sencilla y congruente de la siguiente forma: El reino de Dios, se ha acercado al mundo en Jesús; a través de él está presente en medio de la humanidad; y su práctica pastoral da testimonio de que el reino de Dios se ha cumplido en Jesús.
“Lo que se afirma es el reinado de Dios entre los hombres, una presencia y una acción nueva de Dios en la historia, y que está teniendo lugar delante de los asombrados oyentes de éstas buenas noticias del Reino...La sorprendente declaración de Jesús (Lc. 4:21) indica que el cumplimiento de la promesa profética ha de tener lugar en su propio ministerio”.[13]
La pastoral de Jesús dentro del cumplimiento escatológico, y a partir de su presencia, se puede observar en Mateo 9:35: Recorría
Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. En ese resumen que Mateo presenta, se ven tres grandes aspectos que perfilan lo que es la totalidad del ministerio terrenal de Jesús: Enseñar, predicar y sanar; la presencia del reino denotará la práctica (praxis) pastoral de Jesús.
Posiblemente el texto que más claramente ubica la presencia de Jesús como presencia del reino de Dios en el mundo, sea Lucas 17:20-21: “Preguntado por los fariseos cuándo habría de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros”.
2. El Futuro Escatológico en los Sinópticos
Al intentar captar la peculiaridad de la concepción escatológica de Lucas se tropieza con diferencias entre sus propias nociones y las de sus tradiciones y fuentes. En realidad entiende “los últimos días” a una época larga, posiblemente al tiempo de la iglesia. Pero precisamente ello deberá suponer un cambio de sentido en la comprensión de los “últimos días”. Según lo evidencia el testimonio interno del evangelio de Lucas su énfasis escatológico es el siguiente:
* Un sentido de urgencia, tanto en la invitación evangélica al arrepentimiento y a la conversión, como a la actividad misionera de la iglesia.
* Referente a los últimos días, un sentido de subitaneidad (el fin será inesperado) no como ya próximo, sino como inexorable.
* El fin se producirá en un momento inesperado y además desconocido; no ha de crear un sentido de expectación próxima referida al cuándo.[14]
3. Reino de Dios
En el mensaje de Jesús, el anuncio del reino de Dios tiene preponderancia, y es aquí donde toma importancia la teología del “ya pero todavía no”. Ciertamente el reino de Dios se ha acercado y se ha hecho presente en Jesús, pero solamente al final de los tiempos se establecerá en forma definitiva. En el presente (el ya) se vive el reino de Jesús. Se puede afirmar que el hecho Jesucristo (encarnación, ministerio, pasión, muerte y resurrección) posibilita la reconciliación del mundo para con Dios. En definitiva ese es el propósito de Jesús en el mundo. Es pues, a través de Jesús, que el mundo puede gozar de las bondades del reino de Dios; pero no totalmente de su plenitud. Esa plenitud del reino se comenzará a vivir cuando el reino de Jesús, en calidad de Hijo lo entregue a su Padre: “Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia” (1Cor. 15:24).
Wolfhart Pannenberg hace un acercamiento bastante claro y adecuado sobre la importancia que para Jesús significó el reino de Dios y su futura presencia:
“La idea escatológica del reino de Dios como obra de Dios mismo debe constituir el punto de partida del intento de hacer comprensible la relevancia de la escatología. En el mensaje de Jesús todo estaba dominado por la idea de la cercanía del reino de Dios...es cosa del futuro, es un reino que viene....se relaciona con toda realidad finita como el poder que decide sobre su futuro... En cada momento presente estamos confrontados con el futuro infinito y en este futuro con el venir de Dios, pero al mismo tiempo vamos al encuentro de determinados sucesos finitos que surgirán de la infinitud del futuro de Dios cuyo poder los libera y les confiere la existencia”.[15]
Ciertamente el reino de Dios a través de la parusía se dará en los tiempos escatológicos; pero eso no quiere decir que esté en un tiempo cronológicamente estático; ese reino puede ser “atraído” hacia el presente a partir de la praxis cristiana. El hombre y la mujer, desde el hecho de Jesús, vive en medio de su propia historia y el “ya y el todavía no” del reino de Dios en Jesús. Es en medio de esa tensión que la Iglesia como tal se desenvuelve.
“Si reino de Dios y realidad de Dios son inseparables, entonces el mensaje de Jesús sobre la venida del reino de Dios significa que la realidad de Dios mismo es el futuro del mundo. Cosa, que, a su vez, supone que toda experiencia del futuro tiene algo que ver, al menos indirectamente, con Dios. Entonces, también cada momento en el que acontece un suceso finito hasta entonces futuro tiene que ser comprendido como un acto libre de Dios que confiere la existencia a aquel suceso finito. Por su acto libre, Dios diferencia al suceso finito de su omnipotente futuridad y de su propia infinitud, lo pone en sí y para sí mismo. La forma como todos nosotros nos hacemos siempre existencialmente presentes al futuro, nos permite conocer que nuestra vida está siempre relacionada, como subterráneamente, con una corriente desbordante del futuro que abraza todos los sucesos futuros y al mismo tiempo los trasciende”.[16]
A partir de la anterior cita, se puede configurar la idea de que el devenir del mundo, no se puede desligar del hecho escatológico y que al final, no en el tiempo de la humanidad, sino en el tiempo de Dios, su reino se hará plenamente presente.
4. Reino y Justicia
Así como el reino de Dios es de suma importancia en la predicación de Jesús, también lo es su concepto de justicia: “Más buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:33).
“Dios es el juez que guía el curso de la historia, y lo dirige sin cesar hacia la meta y ha dispuesto en el final la gran escena del juicio escatológico. También Mateo habla de Dios como Señor que juzga; condena al siervo que carece de piedad (18:21-35); premia a los hombres que han sacado fruto del talento recibido y abandona en las tinieblas exteriores a los otros (24:14-30); da el denario a los que vienen a la viña (20:1-15); castiga o premia en el banquete de las bodas (22:1-14).[17]
En una segunda instancia, Jesús mismo se convertirá en juzgador: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidos delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos” (Mt.25:31-32).
La justicia, como elemento inherente al reino de Dios define la pastoral de Jesús en los evangelios sinópticos en sus dos dimensiones ya señaladas (Pastoral de la enseñanza y Pastoral de acompañamiento) y deberá definir todas y cada una de aquellas actitudes pastorales que la Iglesia, como tal, ejecuta en su pastoral, de frente a la consecución del reino de Dios.
Del material escatológico de los sinópticos, en los cuales se puede observar los conceptos de reino y justicia, se pueden señalar los siguientes:
* Mateo 20: 1-15 Los obreros de la viña.
* Mateo 21: 28-32 Parábola de los dos hijos.
* Mateo 25: 14-30 Parábola de los talentos.
* Mateo 25: 31-46 El juicio de las naciones.
* Lucas 20: 9-19
Mateo 21:33-46 Parábola de los labradores malvados
Marcos 12:1-12
Esquema de la logía de Jesús sobre los labradores malvados
Lc. Mt. Mc.
* Introducción 9 33 1
* Envío de los siervos 10-12 34-36 2-5
* Envío del hijo 13-15a 37-39 6-8
* Porvenir 15b-16 40-41 9
* Comentario escriturístico 17-18 42-44 10-11
* Epílogo histórico 19 45-46 12
¿Cuál sería la reacción de los interlocutores de Jesús (los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo de Jesuralén, y muy posiblemente una buena cantidad de oyentes, -Mt.21:23- ), al escuchar el inicio de la parábola de los labradores malvados? Tuvieron que haber pensado en el texto de Isaías 5:1-7 (la parábola de la viña). Se podría perfilar a través de ello un nuevo juicio divino.
La secuencia cronológica de la respuesta a los enviados del dueño, refleja la progresividad y la gravedad de los daños. Según Lucas: el primero es golpeado; el segundo es golpeado y afrentado; el tercero herido y echado fuera; el cuarto (hijo amado), le echaron fuera de la viña y le mataron. Puestas así las cosas, Jesús les cuestiona sobre lo que les hará el señor de la viña a los malvados; y en el verso 19, se describe el enojo de los principales sacerdotes y escribas, “cuando comprendieron que contra ellos había dicho esta palabra…”
Pasado, presente y futuro. En Isaías 5:1-7, se tiene la concepción veterotestamentaria, en la cual Dios es el Señor de la viña, soliendo identificar la viña con Israel, aunque posiblemente la viña de Isaías podría no ser identificada con el pueblo de Israel y sí con el reino de Dios. En el presente de la parábola, será Jesús el cuarto enviado, heredero, y por consiguiente dueño legítimo de la viña, pero aquellos labradores tratan de desligitimizarlo, matándole. Pero Dios, fiel a su promesa (Génesis 12:1-3), perfila hacia el futuro (escatología) la supremacía de su Hijo “¿Qué, pues, es lo que está escrito: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la cabeza del ángulo?” (Lc. 20:17). El elemento concordante sobre la parábola en los sinópticos, se puede resumir así: La venida del señor de la viña es un retornar de tipo escatológico.
Desde la perspectiva escatológica, la Iglesia, como institución depositaria de todos los bienes simbólicos de la salvación y expresados a través de su fe, deberá ver en su pastoral (praxis) esos dos elementos de las parábolas: Reino y justicia. Como símbolo visible, la iglesia debe ser un prototipo de lo que a través de su fe reconoce como el Reino de Dios, manifestado al mundo mediante Jesucristo, y a la vez, no olvidar que la justicia es el elemento que precisamente permea el Reino de Dios.
“La preocupación pastoral de la comunidad que hoy relee la parábola para de ella proponer la lección a sus hijos. El Reino de Dios que se quita ¿No es acaso Jesús en persona? El juicio, que la parábola proyectaba en el horizonte del Israel histórico, puede caer el día de mañana sobre la Iglesia. Aún hoy se ejerce, a propósito de Jesús mismo, sobre el criterio de fidelidad a la Nueva Alianza. El pecado de Israel puede ser el de la nueva generación. Nadie escapa al deber de entregar a Dios los frutos de su viña”.[18]
UN ACERCAMIENTO A LAS BIENAVENTURANZAS
El Sermón del Monte es la propuesta que Jesús hace al mundo de entrar en “su reino”, en el reino de Dios y señala los aspectos que han de caracterizar a aquellos que están siendo invitados a participar con El de las primicias de ese reino, y se insertan dentro del presente trabajo, por la importancia que ellas tienen en su relación con la trilogía Pastoral de la Enseñanza, Pastoral de Acompañamiento y Pastoral y Escatolgía. Son sentencias exclamativas que comienzan así: Bienaventurados. Dentro del Sermón del Monte son el punto central del mensaje de Jesús.
1. Dependencia Antiguotestamentaria
* Recuerdan las profecías mesiánicas acerca de los “pobres de Jehová”: Isaías 49: 8-13; “no tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá; porque el que tiene de ellos misericordia los guiará, y los conducirá a manantiales de aguas” (49:10). Si se compara el texto completo de las bienaventuranzas con el texto de Isaías y con el de Apocalípsis 7:16-17, “ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno, porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”. Sin mucha dificultad se podrá notar que los estadios de pasado, presente y futuro (Isaías, Jesús en Mateo y Apocalípsis) se vislumbran en las bienaventuranzas.
* Contextualiza la relación y el entendimiento cultual entre Dios y la humanidad: Isaías 58: 6-7: “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impunidad, soltar las cargas de opresión, y dejar libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes alberguen en casa; que cuando veas al desnudo lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”. Las bienaventuranzas no se agotan en un simple código de ética; va mucho más allá de eso, es una nueva forma de vida ante el Señor.
* Perfila lo que se podría denominar: Programa del Ministerio Terrenal de Jesús. En Lucas 4:18-19, (Cf. Isaías 61:1-3), Jesús pone de manifiesto los aspectos de la trilogía pastoral que se han señalado: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres (Pastoral de la Enseñanza); me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; (Pastoral de Acompañamiento); a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor (Pastoral y Escatología).
Si en el A.T. se vislumbra la relación entre el reino y los hijos de Dios, ese punto de partida como una verdad se desarrolla y clarifica a plenitud en Jesús. Jesús vuelve a esta forma tradicional para proclamar su doctrina. Los evangelios atribuyen a Jesús 24 bienaventuranzas: Las nueve de Mateo (5: 3-12), las cuatro de Lucas (6:20-22); y las demás dispersas (Mt. 11:6; 13:16; 16:17; Lc. 11:28; 12:37,38,43; 14:14; 23:29; Jn. 13:17; 20:29).
En el A.T. las bienaventuranzas afirmaban la singularidad, mientras que Jesús pluraliza el sentido de las mismas. A la vez que proclama la felicidad, marca el camino para seguirla.
2. Orden de Presentación
El texto de mateo 5:3-11, se puede presentar de la siguiente forma:
* 5:3-6.
“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”.
* 5:7-10.
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielo”.
* 5:11.
“Bienaventurados sóis cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo”.
Lucas presenta sólo cuatro bienaventuranzas, de las cuales las tres primeras que se refieren a los pobres, a los denigrados y a los que lloran, tiene su correspondiente en la primera estrofa de Mateo, mientras que la cuarta es idéntica a la última de Mateo. En Lucas las bienaventuranzas se refieren a situaciones objetivas: Pobreza, llanto, hambre y persecución; mientras que Mateo las espiritualiza. La última bienaventuranza presenta más de una particularidad; aparece mayormente elaborada, y se refiere directamente a los discípulos, es expresada en segunda persona y contiene una explícita invitación a la alegría. La perspectiva escatológica consiste en una larga recompensa celeste.[19]
Finalmente a través de las bienaventuranzas el reino se hace presente en Jesús y sólo hay que recibirlo ya que transforma y conduce hacia la vida.
[1] . Castellanos (1981:9)
[2] . Ibid. (1981:46)
[3]. Pikaza y De la Calle (1974:154-155)
[4]. Castellanos (1981:108)
[5]. Pikaza y De la Calle (1974:166-176)
[6]. Para una mejor comprensión del tema ver Dufour, Estudios de Evangelio.
Págs. 280-295.
[7]. Ver la interpretación en Benzo. Teología para Universitarios. 178-1789
[8]. Dufour (1966:124-125)
[9]. Arias (1980:62-67)
[10]. De Graaf (1988:48)
[11]. Arias (1980:174)
[12]. Barbaglio y Dianichi (1982:1299-1306)
[13]. Arias (1980:58)
[14]. Un buen comentario se encuentra en Conzelman (1984:141-325)
[15] . Pannenberg (1974:11-24)
[16]. Ibid. (1974:24)
[17] . Pikaza y De la Calle (1974:215)
[18]. Dufour (1969:335-336)
[19] . Un buen acercamiento al tema se encuentra en Castellanos (1981:46-55)
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El concepto Utópico no se agota en lo irrealizable, también tiene la acepción de lo posible, y es en ello en lo que se basará nuestra aportación a través del pensamiento escrito.
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